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umbrales

Durante lo que llevamos de curso, venimos planteando diferentes estrategias de intervención en la ciudad y en la propia escuela.

Por ello quiero compartir estas propuestas, ganadoras de algunos concursos, que modificaron un espacio urbano degradado o masacrado por los turistas.

El primer trabajo consiste en la mejora del espacio del mercado efímero que se situaba en el tramo de calle desde la plaza de Pescadería hasta la plaza de San Agustín de Granada, tras la obra de rehabilitación de un solar colindante, que provocó la ocupación de la calle con una estructura provisional de andamiaje. Se trabajó estructura pintandola de naranja y se sustituyó el techo de chapa ondulante por un entramado de cajas de diferentes tamaños y colores. Reutilizando elementos propios del mercado, crearon una atmósfera más lúdica y provocaron que muchos de los comercios que se habían trasladado al exterior del pasaje volvieran a su emplazamiento original. Una auténtica revitalización.

La otra propuesta consiste en la recuperación de un espacio sin carácter, situado entre el bullicioso punto del Mirador de San Nicolás y Plaza Larga, en el corazón del Albaicín. Con una intervención mínima, colonizan el suelo con un pavimento continuo, que permite la apropiación de este espacio disperso. Incluso los bolardos emergen sobre esta nueva superficie recuperando el protagonismo antes olvidado. El lugar deja de ser un espacio de paso para convertirse en un espacio identitario.

UMBRAL

La escuela carece de una relación directa con la calle debido a la separación excesiva de la edificación con respecto a la entrada y a una falta de un umbral eficaz, ya que aunque tiene ese patio delantero que pienso que funciona bien, la zona de acceso es precisamente es la que reduce la posibilidad de una relación directa Escuela-Calle.

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OCUPAR LA CALLE

Como comenta Philippe Bonnin que ocurre en las viviendas japonesas que dan a calles pequeñas con esa tendencia a apropiarse del espacio frente a la vivienda o Margaret Crawford refiriendose a los momentos de crisis en los años 80 en que los jardines delanteros de las viviendas se convertían en mercadillos con las cosas expuestas en las vallas a modo de escaparate, creo que en nuestra Escuela es necesario ocupar la vía de alguna manera para no quedarnos aislados de la ciudad.

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ESCAPARATE

Creo que un buen modo de apropiarnos de la calle podría ser montar una exposición de nuestros trabajos en la pasarela peatonal que hay junto a la escuela a modo de escaparate, esto crearía un polo de relación entre escuela y calle que agrandaría ese umbral que buscamos y por otro lado se podría indicar con algún tipo de grafismo que ahí se encuentra la Escuela, ya que en la mayoría de casos pasa totalmente desapercibida.

Me gusta este sitio porque si la exposición acompaña al recorrido de la pasarela se crea una relación visual entre la exposición y la escuela.

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El edificio actual de la ETS de Arquitectura da pena, los espacios son pobres para la enseñanza, el trabajo y el aprendizaje y no nos aportan nada, sin embargo quizás lo que más funciona desde mi punto de vista es el patio delantero, que hace de punto de encuentro de alumnos, tanto de la escuela como del instituto que hay al  lado y algún profesor.

En el libro “la humanización del espacio urbano, la vida social entre los edificios” de Jan Gebl se describen las cualidades que tienen que tener los espacios para que la gente se pare de pie o se siente, en ambos casos son parecidas, se prefieren los lugares de borde, con la espalda protegida, con buena perspectiva del lugar, dependiendo de la época del año se buscará sol o sombra. En caso de parar de pie, se buscan lugares intermedios, como umbrales donde se puede ir hacia un espacio u otro rápidamente, apartado de los sitios de paso. Si nos fijamos en este patio, cumple muchas de estas características, la escala es adecuada, tiene muchos bancos, principalmente en el borde del patio y casi siempre con al espalda protegida o sin posibilidad de que venga alguien por detrás, como en la separación del acceso de la cafetería, también la izquierda de la puerta de acceso hay un lugar adecuado para sentarse y estar de pie, y las escaleras complementan estos lugares de sentarse en caso de ser necesarios más.

En el esquema superior reflejo con manchas naranjas los lugares donde más se suele sentar la gente o suelen parar más a menudo.

Por hacer alguna aportación al lugar, creo que sería muy interesante la colocacion de enchufes para poder conectar ordenadores o proyectores para si se quiere usar ese espacio también como lugar de trabajo.

Estos días he estado leyendo mucho sobre el tema de los umbrales como lugar intermedio entre interior-exterior, como nexo en el que pasa algo, Aldo Van Eyck decía que las puertas eran como guillotinas entre dos mundos y que tenían que convertirse en lugares de oportunidad.

Lo normal cuando se habla de umbral es referirse a la planta baja, ya que es el punto de encuentro entre la edificación y la calle, así lo hacen en la cuarta publicación de Rehabitar, con una propuesta muy interesante que se basa en ocupar las plantas bajas con viviendas taller, para que la conexión entre vivienda-trabajo-calle sea muy directa y se produzcan relaciones muy interesantes como que desde la calle se vea el trabajo del artesano, por ejemplo y desde el taller se vea la calle, y a la vez esté muy relacionado con la vivienda. Cuando leía esto me han venido a la cabeza las medinas de Marruecos que he visitado esta Semana Santa, donde todavía muchas veces se mantienen estas relaciones, como en la siguiente foto de un artesano que hace remates en las chilabas, aunque en este caso no se trataba de vivienda-taller.

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Philippe Bonnin en el Umbral de la Casa (La ciudad: paraiso y conflicto) nos relata cómo son las relaciones en las casas tradicionales japonesas y como se están modificando con la tecnología y comenta como en las calles pequeñas se observa una tendencia a que las personas se apropien de la parte de delante de su casa, tanto si les pertenece o no y a expresarse en este lugar de una manera exhuberante, como una especie de halo delante del umbral. Esto me ha traído a la mente las viviendas de planta baja del barrio donde crecí (el Zapillo en Almería) donde por la noche, en verano, la gente salía a la puerta de la casa con sus sillas para hablar, apropiandose de alguna manera de esa parte de la calle, normalmente calles pequeñas y con poco transito. Unas relaciones parecidas se dan en las viviendas con jardines delanteros, como dice Margaret Crawford en su escrito “desdibujando las fronteras: espacio público y vida privada” que los define como espacio difuso, ambiguo, como zona intermedia entre la privacidad de la vivienda y el carácter público de la calle, como lugares de relación, además explica como la crisis de los 80 en algunas ciudades, provoca que aparezcan en estos lugares mercadillos domésticos, en los que se le da la vuelta a la casa, mostrando sus enseres en el exterior, lo que se facilita en algunos barrios donde se vallan y pavimentan los jardines, creando una tienda al aire libre, con las cosas expuestas en las vallas a modo de escaparates (¿no recuerda esto a las medinas marroquís con los productos expuestos en el exterior o a la alcaicería granadina?). Los garajes se convierten en talleres volviendo a aparecer ese concepto de casa-taller del que he hablado antes.

En el libro “La humanización del Espacio Urbano. La vida social entre los edificios” de Jan Gebl, se estudian las condiciones que se tienen que dar en esos jardines delanteros para que las relaciones fluyan, además se estudian también tipos de edificación, anchos de calles, disposición de las actividades en la vivienda con respecto al exterior, velocidad de circulación de los vehículos, disposición de bancos para sentarse, etc.

Por otro lado R. Sennet en el Artesano señala la diferencia entre paredes y membranas, siendo las membranas separaciones más porosas que permiten ciertos intercambios y dice que las murallas de las ciudades (refiriéndose a cuando las ciudades se rodeaban de murallas, pero hoy se puede aplicar a otro tipo de murallas) podían ser de ambos tipos, siendo mucho más interesantes las murallas que actuaban como lindes a las que se adosaban mercados, viviendas, etc, por dentro o por fuera, y al final esas barreras se convertían en un lugar. En Assilah uno de los lugares que he visitado en Marruecos he observado como esas murallas que rodeaban la medina se han ido convirtiendo en lugares para las relaciones, colocando terrazas de bares y restaurantes junto a ellas y puestos de alimentación y venta por la tarde noche, convirtiéndose en un lugar muy vivo.

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En todos estos casos se ha tratado la relación interior-exterior en planta baja, pero por ejemplo Arquitextonica en su blog, plantea los balcones como un lugar en el que también pasan cosas (principalmente en cascos antiguos y edificios de no mucha altura), y la gente se asoma para saludar al vecino o para ver quien toca y tirarle la llave. Recuerdo que no hace muchos años en el Zapillo, era muy normal ver a la gente asomada a los balcones tirando cosas en una bolsa a alguien abajo, o con una cesta con una cuerda para subir algo de la calle, ya que muchos edificios de 4 o 5 plantas no tenían ascensor, así que eran esas terrazas y balcones los lugares más directos de relación con el exterior.

E incluso podemos ir más allá y plantearnos, como dice Toyo Ito que las nuevas tecnologías amplían nuestros límites mas allá de nuestro cuerpo, o preguntarnos como Stepien y Barno en su blog si es la red o parte de ella un espacio público.