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Archivo del Autor: miamachado4

Ya me habían comentado algo acerca de la asignatura, que era distinta a las demás, que se hacían proyectos nada convencionales en la escuela, más cercano. Yo ya sabía que iba a probar la experiencia, y ha estado genial. Ha servido para abrir la mente un poco más, y ganar en referencias arquitectónicas a la hora de entablar una conversación de arquitectura, arquitectos, filosofías del urbanismo… Y la manera de interactuar de todos los alumnos, propiciado por el mismo profesor. El aula no ayudaba mucho, se estaba más cómodo en un aula-taller, compartiendo las mesas y sin nadie siendo el centro de atención, resultaba más visual.

Se ve la ciudad  de otra manera, se desarrolla más distinguidamente el sentido de hacer la ciudad más cómoda, fácil, interactiva, común, “vivible”. A la hora de hacer un proyecto directamente piensas en qué harías en tu casa, con tu familia y amigos, para CONVIVIR a gusto de todos y cada uno. Este curso enseña a compartir vivencias con los que te rodean, poniendo cosas en común y reflexionando acerca de lo que al que tienes en frente le puede interesar y aportar a tu visión de la ciudad y la arquitectura.

He podido apreciar que la arquitectura no tiene porqué ser aburrida, se puede acceder a un campo muy abierto de temáticas, sin apenas condiciones. Se tocan desde el reciclaje de materiales, la fácil accesibilidad del lugar, la construcción en módulos, los umbrales, lo que puede llegar a ser un monumento, diferentes acciones a llevar a cabo en un mismo lugar… todo ello sin prisa pero sin pausa.

En definitiva, he aprendido a VIVIR la ciudad y cada uno de sus rincones a través del diálogo mutuo.

Viendo maneras de cómo ocupar la ciudad y hacerlo, a la vez, más divertido, con el fin de romper con la rutina y el estrés, he recordado lo bien que nos lo pasábamos de pequeños en los toboganes y enredaderas interactuando con otros niños. 

Aquí presento dos alternativas al agobio dónde volver a ser de nuevo, pequeñajos.

Desde hace unos 5 años están proliferando en Japón fascinantes toboganes de rodillos, que te permiten al ir rodando y no deslizando, detenerte a redescubrir el mundo que nos rodea. Algunos de éstos transcurren por entre árboles y vegetación, aprovechando las pendientes y desniveles, y hacen que el “transportado”, ya sea infante (o no tanto) gane una nueva perspectiva de la naturaleza, o de la ciudad, según por dónde discurra.

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En St.Louis (Missouri), el City Museum de Bob Cassilly, un escultor americano, ha llevado a cabo una de sus intervenciones, siempre llamativas, tomando la calle con un recinto de 15 metros de largo y 5 de alto, fabricado con fuselaje de aviones, un camión de bomberos, una cúpula, la torre de un castillo, estructura de hierro forjado… Todo ello compone un gran parque interactivo donde hay toboganes, piscinas de bolas, muros para escalar. Se lo ha denominado MonstroCity.

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Definitivamente, quiero uno de cada en Granada.

A veces puede hacerse arduo el ir caminando de un sitio a otro sin música y con el sonido de los coches y los cláxones continuamente golpeando nuestra cabeza.  Pero ¿ y si por el camino nos vamos encontrando pequeñas sorpresas que pueden hacer el trayecto más corto? Esta iniciativa se está llevando a cabo cada vez más, y en lugares más cercanos.

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La única pega que se le podría poner es que los conductores se distraigan mirando al suelo y haya algún que otro percance; pero la finalidad última de estas propuestas debería ser la atención del peatón, y de la gente que va en el bus o en los demás automóviles de pasajero.

Diversas compañías han aprovechado para publicitarse de esta manera tan distinta y divertida.

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¿Qué os parecería ver algunos puntos de la ciudad que ya han caído en la rutina de nuestros recorridos con algunos cambios como estos? ¿Se nos haría la visión del tráfico y de las normas de circulación de una manera diferente, más positiva?¿Aprenderían antes los niños a distinguir lo que hay que hacer o lo que no?

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Personalmente me parece una idea muy llamativa y original para ver las calles desde otro punto de vista.

 

Cierro desconfiados los ojos, el viento en mi sentido se hace más notable y el sonido de los coches y los pájaros se alterna. Me acompañan los pasos de otra persona y de mi perro, que está presente en muchos aspectos de mi vida, es un acompañante fiel. Me sobreviene el desequilibrio que me caracteriza y el miedo a caer. Voy casi arrastrando los pies para asegurar mi trayecto, pero hasta que no deposito toda mi confianza en la persona que me guía del brazo no soy consciente completamente de lo que me rodea. Me relajo y disfruto del trote de Tom, la brisa que me empuja y hace que mi pelo roce mi cara, del casi abrazo que me lleva, del cantar de los pájaros… Es una zona tranquila, boulevares abiertos y vegetación moteada, que se ve alterada por el sonido de los coches. De repente el motor de un autobús me hace reconocerlo y decidir detenerme por mi misma. Al entregarme tanto a la situación reparo en que sólo con el tacto de la suela de mi zapato logro diferenciar el cambio de adoquines de la acera. Me asusto un poco cuando llegan los escalones de los pasos de peatones, temo tropezar. Me da por pensar en qué pensará la gente con la que nos cruzamos. Avanzamos junto a un carril bici; su suave discurrir se agudiza en esta situación. El sol ilumina a ratos mis ojos cerrados. Tom se para en un par de ocasiones a oler los arbustos, no me extraña. Llegamos a un punto en el que el alboroto de niños y no tan niños jugando, rompe la serenidad que nos venía siguiendo; estamos bordeando la pequeña zona deportiva y de ocio que dotó al barrio de un lugar de escape para los fines de semana. La leve pendiente quedó atrás, aspecto que se percibe sobremanera a diario, con las prisas; ahora caminamos en horizontal.  La presencia de motores cada vez más incesante denota que estamos cerca de la antigua carretera que llevaba a Jaén, cerca de casa. Yo recordaba más corto el camino, será por avanzar tan despacio. El trayecto final se hace más angustioso. Al acceder a calles más estrechas  con edificios de viviendas a ambos lados, hace que la sombra que proyectan unos sobre otros caiga sobre mis ojos y se vuelva todo más oscuro, con aceras estrechas y un tronco a mitad de calle que te obliga a agacharte para evitar el golpe, y con la sensación de que el edificio se me va a caer encima, ya mis sentidos se han bloqueado por el inminente derrumbe que creo en mi mente, pero dura poco; llego a casa. Un final un tanto agrio a un paseo diferente, un paseo SENSACIONal.